Comida no procesada

Parte de llevar un estilo de vida saludable es alimentarse de comida que no ha sido procesada, es decir, alimentos en su forma más pura - sin aditivos ni colorantes artificiales. Es esencial que escojamos productos en su estado más natural.


Los alimentos procesados suelen tener muchos compuestos que pueden ser detrimentales para la salud ya que, muchas veces, sus componentes naturales (vitaminas, minerales y fibra) son reemplazados por cantidades abismales de grasas, azúcar y sodio. Estos alimentos procesados llevan químicos como aditivos y preservantes para que duren más, o colorantes y saborizantes artificiales para que tengan un sabor más fuerte. Estos químicos confunden el cuerpo y al cerebro, y malogran los receptores y neurotransmisores que nos indican cuando tenemos hambre y cuando ya estamos satisfechos.


Las grandes industrias alimentarias han creado la fórmula perfecta (conocida como Bliss point) para que sus productos sean adictivos - una mezcla entre grasa, sal y azúcar que hace que la experiencia sensorial sea extraordinaria (literalmente sobrenatural), que hace que no podamos parar de comer.


Afortunadamente, esta confusión en el cuerpo y en el cerebro se puede eliminar si es que nos acostumbramos a comer insumos sin procesar (comida en su estado más natural) o mínimamente procesados. Los “mínimamente procesados” son productos que pasan por un proceso muy ligero como lavado, cortado, pelado, tratamiento térmico para eliminar bacterias y/o envasado.


Cuando nos acostumbramos a que la mayor cantidad de nuestra comida sea lo menos procesada posible, volvemos a restaurar las conexiones en el cerebro que indican hambre y saciedad. Aprendemos nuevamente a comer solamente cuando tenemos hambre, a no estar picando por ansiedad o aburrimiento. Además, nos volvemos más susceptibles a los sabores y la comida chatarra nos comienza a saber muy fuerte o hasta caer muy pesada.